En Bressanone probamos pan oscuro con speck recién cortado mientras un jubilado señalaba cumbres con un dedo tembloroso. Contó avalanchas antiguas y trenes de vapor. Nos regaló un mapa con notas a lápiz. Lo guardamos entre páginas, como un boleto para volver cuando haga frío.
En Pula, la lonja despierta con sardinas brillantes, tomates que crujen y voces que negocian en croata, italiano y sonrisas. Compra pan caliente, aceitunas y un pedazo de queso. Almuerza en el muelle mirando grúas azules. La sencillez, a esta hora, sabe a promesa cumplida.
Con el oleaje suave, dos copas de malvasía y una bolsa de albaricoques, la conversación se hace más lenta y verdadera. Faros mínimos parpadean como si aprobaran. Un marinero nos señala un delfín. Nadie corre. El reloj se rinde y el mar escribe lo que interesa recordar.
All Rights Reserved.